jueves, 4 de febrero de 2016

Me entregué a Dios

Me entregué a Dios y Dios me enseño la verdadera riqueza,
el amor y el perdón, me enseño a que, en vez de temer, fortaleciera
mi fe, y que en la vida no todo es recibir, que la clave está en dar,
en ponerme en servicio con los demás, de corazón, y generosamente.
Siendo así imitador de Cristo. Y te cuento la manera en que el me amó
que jamás sale de mis pensamientos ni tan solo un segundo.
Él es mi Padre, mi Padre Celestial, el que me creó, mi Divino Creador.
Si alguna vez me faltará Dios, ese día faltará mi vida, porque,
Él es mi vida, mi salvación, mi compañero, mi mejor amigo,
Él es toda mi existencia. Mi corazón estuvo muerto algún día...
pero hoy, estoy más vivo que nunca, porque el Señor me salvo
de la maquinación del mal. Y yo, estaré agradecido de por vida
por haberme sacado de la perdición.

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